viernes, 14 de mayo de 2010

ME ROBARON MI AUTO EN EL RESTAURANTE ARROYO

Me seguían gustando los autos pero los tiempos ya no eran los mismos. Yo ya no podía pensar en estrenar cada año un carro nuevo. Tener un Gran Marquis era ya un sueño. Así es que pensé cuidadosamente que auto me convenía tomando en cuenta además del precio, el tamaño del coche pues en una ciudad tan complicada en cuanto al tráfico y  a los espacios disponibles para estacionarse era simplemente un espejismo.

Después de una verdadera investigación, me decidí por un Tsuru. Elegí un modelo sedán de cuatro puertas, lo preferí estándar de cinco velocidades al piso, además estaba equipado con aire acondicionado y con frenos de disco.  Era de color verde inglés y para que no me diera ningún problema con las llantas, le puse un juego de Michelín y de medida mas ancha con respecto a la que traía de fábrica.

No tardé en enamorarme del carrito. Eventualmente, allá por 1992 hacía el recorrido de la ciudad de México a Guadalajara e increíblemente y con un tanque de gasolina, lo logré hacer en cuatro horas con veinticinco minutos, claro está que en muy buenos tramos tenía que levantar la velocidad a 160 kph.    

Además me daba mucha tranquilidad el hecho de que esa marca y ese modelo no era de la preferencia de los ladrones especialistas en robo de autos.

Pues resulta que yo andaba para arriba y para abajo en mi flamante Tsuru encantado de la vida pero francamente veía los preciosos modelos Mercedes y BMW que deambulaban por las calles de la ciudad y se me antojaban mucho.

No tarde en darme cuenta de que mi Tsuru se parecía a uno de los modelos medianitos de la BMW y no tardé en quitarle los emblemas cambiándolos por los de aquella marca. Uno lo instalé en el centro de la parrilla al frente del radiador y el otro en el centro de la tapa de la cajuela.









La gente no muy conocedora de lo que son los autos, se la creían, al grado de que unas amigas de mis hijas les dijeron: Nosotras pensamos que a su papá le está yendo muy bien porque ya trae un BMW.

Pues es el caso de que un domingo nos fuimos en familia a comer al famoso restaurante Arroyo de allá de Insurgentes en Tlalpan. Después de comer regiamente y de escuchar y contemplar su show, dejamos nuestra mesa y nos dirigimos al punto en donde solicita uno le traigan el coche. Pasaron diez, veinte, treinta minutos y mi coche no llegaba.

Yo ya estaba que me llevaba el diablo, la presión empezó a subir y subir hasta que reventé y comencé a hablar fuerte. Entonces apareció en escena un señor allegado a Chucho Arroyo quien me sugirió que le bajara el tono, la verdad es que se habían robado mi auto pero que no me preocupara porque el recibo que me dieron del Valet Parking cubría el seguro del coche. El señor muy tranquilamente me sugirió que abordáramos un Taxi y nos fuéramos a casa y que al día siguiente me atenderían en mi domicilio para finiquitar la operación reponiéndome el BMW ó pagándolo con un cheque a mi favor.

En eso se me prendió el foco y le dije: Mi auto no es un BMW, si acaso es un TsuruW y yo creo que no se lo han robado, lo que pasa es que han buscado un BMW con mi número de placas  y nunca lo van a encontrar.

Efectivamente, los choferes se lanzaron a buscar un Tsuru verde inglés con esas placas  entre ese mar de coches y no tardó en aparecer.

Mi familia y yo lo abordamos y recibí el sermón de: Ya ves? Esto te lo buscaste tu por andar con tus payasadas de convertir un casi Taxi en un elegante  auto europeo.     



DON JACOBO MORETT ESTEVES

Un caso similar al del Comentarista, Conductor, Musicólogo, Gastrónomo, Chef y gran amigo Roberto Ayala es el que experimenté con otro grande en cualquiera de las áreas de tipo cultural, en la Música ó en la Historia, me refiero a don Jacobo Morett quien en su voz autorizada comentando hechos históricos y dando verdadera cátedra a través de sus programas de radio y de sus escritos en diferentes periódicos, ha difundido incansablemente temas de interés cultural tan desconocidos e ignorados en éstos  tiempos tan tristemente degradados.

De lunes a Viernes, a las cuatro de la tarde, a través de una radiodifusora que le quedaba chica, escuchaba en casa ó en el auto, solo ó en familia, su magnífico programa Charla Amena. En ese programa, sin agenda previa, don Jacobo Morett abría y dependiendo de las efemérides que correspondieran a esa fecha, iniciaba su charla que además de improvisada y amena era una auténtica oportunidad de ampliar los conocimientos de tipo cultura general que uno pudiera tener.

Los sábados, su programa pasaba con el nombre de A mi Manera, ese día se centraba más en comentarios sobre la música popular que el mismo llevaba en exclusivas grabaciones a la radiodifusora, enfocado en la música clasificada como música americana.

Los Domingos era una oportunidad para cultivarse en el área de la Ópera, con su espléndido programa Joyas Líricas que permitía abundar los personales conocimientos de su nutrido público radioescucha en esa clasificación musical y que desgraciadamente en México se ha perdido tan rápido y tan notablemente.

Pues yo escuchaba con mucho gusto y enorme interés el mayor número de programas de  don Jacobo y sin embargo, debido a su forma de ser tan discreta y sencilla en su transitar por la vida, no lo conocía ni en fotografía.

En una ocasión, mi gran amigo Arnaldo Martínez Osegueda me jugo una buena broma. Resulta que fuimos al teatro acompañados de nuestras esposas y estando en el vestíbulo esperando que nos dieran acceso a la sala, me dijo: Mira Gabriel, ese señor de abrigo gris que está al lado de la señora de azul es Jacobo Morett.

A mi me dio mucho gusto y me apresté a abordarlo acercándome y diciéndole: ¡Hola señor Morett que gusto conocerlo!!, el aludido volteó a verme y me dijo: Perdone usted estimado caballero, seguramente usted me ha confundido, yo no soy Jacobo Morett pero se de quien me habla porque yo soy uno de sus radioescuchas. Cuando volví a integrarme a mi grupo, estaban los tres muriéndose de la risa.

Un día de tantos me decidí, tomé un ejemplar de El Flaco de Oro, biografía de Agustín Lara que escribí en 1993 a invitación de Editorial Planeta, me dirigí a la estación de Radio de donde justamente a esa hora transmitía su programa don Jacobo.

Cuando llegué y con decisión le dije al Policía de la entrada quien intentó detenerme:  Perdone mi estimado poli, pero el señor Morett está esperando con urgencia este libro porque está a punto de entrar al aire.  y el policía sin réplica alguna me permitió pasar.

Subí al piso donde su ubicaban las cabinas de transmisión, llegué al área donde las guapas asistentes tienen contacto visual con los ocupantes de las cuatro cabinas de la radiodifusora y antes de que me bloqueara el paso la chica que intentó abordarme, de plano abrí la puerta de la única cabina que estaba ocupada y me dirigí a un señor a quien con cierta discreción pregunté: Perdone, es usted el señor Morett?.....contestándome afirmativamente. Entonces rápidamente le dije: Don Jacobo, perdone la intromisión pero deseaba conocerlo y  obsequiarle ésta biografía de Agustín Lara que tuve oportunidad de escribir,  me gustaría tener su opinión, aquí le dejo mi tarjeta y con permiso de usted.

Me agradeció un poco sorprendido por mi inesperada y rápida visita, además estaba ya a tres minutos de iniciar su programa, así es que me retire y llegando a mi auto sintonicé su rubrica.

Después de su acostumbrado saludo, dijo: Hace unos minutos, antes de iniciar este programa me obsequiaron un libro con el nombre de “El Flaco de Oro” se trata de la biografía de Agustín Lara. Desde luego que no he podido mas que darle una hojeadita pero eso me ha bastado para darme cuenta de que es una biografía muy completa, muy nutrida de información y respaldada con una gran cantidad de fotografías en torno al célebre personaje. Lo voy a leer con gusto y gracias al autor que se molestó en entregármelo en propia mano.

A los pocos días, el señor Morett se molestó en llamarme, me invitó un café, me dijo cosas buenas sobre mi trabajo como debutante de escritor y desde entonces es uno de mis amigos que mas estimo, gracias Jacobo.

Por cosas inexplicables que suceden, el dueño ó el programador de la radiodifusora dispuso equivocadamente cambiar el horario de su programa Charla Amena que desde hacía tanto tiempo pasaba a las cuatro de la tarde y sin tomar en cuenta al enorme público seguidor de un hombre inteligente y culto que no hacía mas que emitir sus amplísimos conocimientos en muy diferentes áreas, lo mandaron a las diez de la noche.

Yo nunca entendí el porque del tal cambio pero menos entendí que en su lugar pusieran el “Programa” de nombre “Loco Mundo Internacional” el mas fatuo, mas indigno que pudiera uno imaginar. Se trataba de  una verdadera basura a cargo del joven Esteban Arce quién anteriormente hacía un programa educativo por excelencia en la tv, de nombre: “El Calabozo” en el que alternaba con el emérito paladín de la educación en México, el famosísimo y ejemplar “Burro” van Rankin.  

El habitual público de Jacobo Morett no tardó en enviar notas de protesta solicitando en todos los tonos que reinstalaran su Charla Amena en su horario de costumbre.

Algunos de  esos mensajes llegaron directamente a la mesa del señor Morett quien  cometió el “imperdonable error” de leerlos al aire suficiente razón para que el alto mando de la estación decidiera cancelar sus tres programas: Charla Amena de Lunes a Viernes; A mi Manera los Sábados y Joyas Líricas los Domingos.

Esto que ha sucedido se llama “categoría, inteligencia y cariño y apego  a la superación”. Así si se puede contribuir al engrandecimiento de nuestro país que nunca va a dejar de ser un pueblo ajeno a la mas elemental intención de cultivarnos.

Como tendrán la conciencia las tan importantes personalidades que destacan y que logran colarse en ciertos medios gubernamentales? Me refiero como ejemplo a: María Rojo que siendo artista y Delegada en Coyoacán lejos de apoyar al ejemplar grupo “La Peña Golondrina” que regalaba buen gusto y cultura en torno a la buena música y que actuaba domingo a domingo gratuitamente, no solamente no los apoyó sino que prácticamente los corrió refugiándose tan valioso grupo en el Teatro al Aire Libre “Alfonso Esparza Oteo” de la Colonia Nápoles en donde cada seis meses hay que rogar, convencer y negociar con el Delegado en turno en beneficio de sus quinientos habituales asistentes

En esos conciertos dominicales casi siempre se cuenta con la brillante participación de don Jacobo Morett quien hace interesantes comentarios como introducción a los números musicales programados para ese día.

La señora Sari Bermúdez, que fungió como mandamás de Conaculta  pero que, como se la pasó viajando constantemente al extranjero con cargo a las arcas nacionales, no tuvo tiempo ni interés para escuchar y aprovechar los valores culturales que abundan en nuestro país.

Los dueños de las radiodifusoras que no tienen la mas mínima intención de difundir cuando menos por un par de horas programas que valgan la pena, que sean educativos, para que nuestros niños escuchen  algo que no sean albures, doble sentido y las ofensivas palabrotas que son el pan nuestro de cada día y en cuanto a la música, lo mas normal es encender el radiorreceptor y escuchar en casi todos los puntos del cuadrante solo basura musical; y por lo que respecta a los programadores, ahí  parece ser que ya no hay nada que se pueda hacer,  pues la mayoría de ellos practican otro tipo de intereses.


AL PAN…PAN Y AL VINO…VINO

Un día de tantos, escuchando el radio sintonicé un muy buen programa que me interesó mucho: ”Al Pan Pan y al Vino Vino”, conducido magistralmente por un señor de nombre Roberto Ayala.

Poco a poco me fui enterando quien era Roberto Ayala Bravo. El era un hombre destacado en el área de la comunicación, era comentarista en radio y en tv; durante algunos años vivió en Nueva York trabajando en los estudios de doblaje de voces para el cine. En alguna ocasión dobló al gran actor Clark Gable haciéndolo hablar en español nada menos que en la inolvidable película “Lo que el Viento se llevó”.

El señor Ayala trabajó en Selecciones del Reader’s Digest y ahí fue que fundó la revista “Musicosas” en torno a los compositores, letristas, músicos y cantantes y a los discos en general. En ese tiempo fue que instituyó el prestigiado premio “El Disco de Oro” que parece ser que el lo inició en México.

Además de esa su importante actividad en radio y televisión, Roberto era todo un señor en el área de la gastronomía. Era un gran Chef, conocía los mejores ó los mas clásicos restaurantes de muchas partes del mundo.

Precisamente en su programa de “Al Pan Pan y al Vino Vino” se refería a determinadas recetas y comentarios de distintos platos, además recomendaba con conocimiento de causa a cual restaurante si y a cual no. Criticaba enérgicamente los abusos en las cuentas y no se limitaba en los fuertes comentarios en contra de la falta de higiene y limpieza en determinados restaurantes.

En una ocasión escuchando su diario programa, dio el sorpresivo aviso de que ese era su último programa porque como todos sus radioescuchas sabíamos, cuando venía al caso también les daba su buena barrida a los políticos y gobernantes mediocres y rateros. Así es que a alguien le vino el saco y simplemente lo suspendieron.

Ese medio día le pedí a Cristy que me acompañara a la radiodifusora para no perder de vista a tan interesante personaje y rápido nos trasladamos a la calle de Bartolache en la Colonia del Valle. Cuando llegamos a la entrada de esa estación, le pedimos al policía que nos indicara quien era el señor Ayala porque no lo conocíamos ni en fotografía. Así lo hizo y llegado el momento le salimos al paso.

Ese sincero saludo pleno de reconocimiento lo aceptó de buena gana, le obsequió a Cristy un libro sobre cocina, conversamos muy cordialmente en plena banqueta, lo invitamos a comer a casa, afortunadamente aceptó y ahí justamente ese día, nació una sincera amistad que duró muchísimos años.

Cuando Roberto cumplió setenta añitos, nos invitó a sus amigos varones a una comida que le ofreció su hija Lolita y ahí entre exquisitas viandas y muy bien elegidos vinos, surgió la idea de continuar el festejo en su tan querido Nueva York.

Nos organizamos y en un par de días salimos un pequeño grupo acompañando al gran Roberto quien estaba feliz de recordar esos tan significativos lugares: su departamento, las oficinas y los estudios donde trabajaba, donde comía, el león del lado izquierdo de la escalera de entrada a la Biblioteca de la Quinta Avenida que era donde se citaba con su amada Lolita quien después sería su amada esposa; fuimos al teatro, a oír buenas orquestas, a los Museos y sobretodo a los típicos y magníficos restaurantes destacando notablemente el famoso “Gallagher's” ubicado en el 228 Oeste de la calle 52 y el magnífico pescado que se come en la Estación Central en las calles de Pennsylvania. 
































Después de ese inolvidable paseo, volvimos a la ciudad de México, nos recibieron en el aeropuerto nuestros correspondientes familiares, nos despedimos y no lo volvimos a ver.

Al día siguiente de haber llegado, el gran Roberto Ayala se sintió mal, acudió al hospital, lo internaron en Terapia intensiva, nos avisaron, acudimos y ya no lo pudimos volver a ver,…………Roberto murió. 

SEÑORITA MÉXICO EN 1928, 29 y 30.

Después de una serie de programas a los que nos invitó Raúl Velasco para presentarnos como “La Familia Musical Abaroa” en su popular “Siempre en Domingo”, supo un poco más de nosotros y  no tardó en enterarse de que en la cochera de la casa donde vivíamos yo tenía dedicado un espacio para restaurar esmeradamente algunos  automóviles antigüos, que una vez terminados lucían como en sus primeros días de vida.

Pues resulta que el señor Velasco me solicitó que le prestara los autos que tuviera ya restaurados para que a bordo de ellos ingresaran al gran foro del Auditorio Nacional las señoritas representantes de cada uno de los estados de la república en el importante concurso “Señorita México”.

Yo lo concedí con gusto pero el problema era que solo contaba con tres de ellos: un Ford 28 Sedán dos puertas, un 29 convertible y un 30 coupé y las “Misses” eran veintinueve ó sea que los autos tendrían que dar diez vueltas cada uno.

Entonces se pensó en que podrían ir dos chicas en cada auto pero de todos modos eran muy repetitivas las apariciones del mismo auto a lo largo de la presentación y con el consabido riesgo de que se calentaran sus radiadores.

Así fue que con conocimiento de don Raúl, yo acudí a mi club de Fordcitos modelo “A” contemporáneos de los míos y la respuesta fue cien por ciento positiva, casi todos los miembros del club acudieron a colaborar con el programa, teniendo a cambio que su auto manejado por ellos mismos se cubriera de gloria llevando a bordo a una guapa muchacha que con suerte fuera la elegida como “Señorita México” y además poder guardar ese testimonio en un video con imágenes vistas simultáneamente por millones de personas.

El programa resultó un éxito con excepción de algo que sucedió a bordo de mi Fordcito 29 convertible. Resulta que ese auto fue conducido por mi hijo Mauricio quien indebidamente estuvo de acuerdo con que su hermano Sergio viajara escondido en el compartimento trasero denominado back seat que es un asiento extra que algunos modelos llevaban en lugar de cajuela. Desde luego que la tapa iba cerrada y Sergio para no sufrir de falta de aire, se proveyó de una manguera como medida de protección por si le faltaba el aire.

Llegado el momento abordó ese auto la guapa señorita Durango ocupando el lugar del copiloto y entonces sucedió que Sergio sintió la necesidad de hacer uso de la manguera pero no contaba con que se le presentara un ataque de tos combinada con asfixia y el sonido que salía por la punta de la manguera que le quedaba a Miss Durango en su cadera derecha era verdaderamente tétrico provocando que ella al asustarse pensando que se trataba de un animal, pretendiera ponerse de pie sin fijarse que el amarre de la mariposa de lentejuelas que le cubría el pecho y que se encontraba en forma de moño en su espalda se había desatado dejando momentáneamente descubierto su corpiño pero sin corpiño.

Afortunadamente ese desafortunado y comprometido momento no trascendió ni fue captado por la cámara de tv y la señorita Durango logró bajar del auto ayudándose con ambas manos sobre el pecho y con su moño trasero desamarrado.

Fuera de ese acontecimiento, lo demás funcionó perfectamente bien y Raúl Velasco y su certamen “Señorita México” quedaron muy complacidos.