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jueves, 8 de abril de 2010

AHORA, LA VISITA DEL GRAL. CHARLES DE GAULLE

Todavía no terminábamos de digerir el papeleo relacionado con la visita del Mariscal Tito de Yugoslavia, cuando se nos notificó sobre la visita del General Charles De Gaulle acompañado por su esposa Madame Ivonne Vendroux.

Todo lo relativo a ésta visita lo estaba coordinando Avecita, la  hija del Presidente Adolfo López Mateos. Ella, tal vez ignorando todo el circo que se armó con el pretendido alojamiento del Mariscal Josip Broz Tito de Yugoslavia en el Castillo de Chapultepec, intentó que ahí se alojara el famoso y respetable General Francés y a su esposa.

Una vez que se le comunicó el grado de dificultad que significaba ese hecho, cambió de idea y decidió que el célebre visitante se alojara en la residencia Presidencial conocida como “Los Pinos”.

Esa decisión no provocaba ninguna incomodidad a la familia López Mateos ni a tan importante huésped porque el Lic. López Mateos nunca tuvo interés en habitar esa tradicional residencia. Además, en ese mismo sitio estaban las oficinas del Estado Mayor Presidencial y se facilitaba toda la logística en torno al cuidado y diferentes traslados del general durante su estancia en la ciudad de México.


El único problema que se surgió  fue cuando se le advirtió a Avecita que el General de Gaulle no cabía en una cama de tipo tradicional pues el angelito rebasaba en unos cuantos centímetros los dos metros de estatura y de nada servía ofrecerle una cama 'King Size' porque su problema no era de ancho sino de largo.

Ella dispuso que se modificara una de las mejores camas en una de las mejores recámaras y que se mandara hacer con toda urgencia un colchón con medidas especiales pero afortunadamente la pudimos convencer que era mejor, mas seguro y mas rápido hacer una cama nueva. De inmediato adquirimos el cedro y a mil por hora hicimos la cama nueva siguiendo el estilo y diseño de la que ella había elegido originalmente.

Como la residencia estaba fuera de uso, también tuvimos que checar y probar la efectividad del cuarto de baño en cuanto al correcto funcionamiento de los muebles sanitarios, la tina, la ducha, el servicio de agua caliente, las luces, los contactos eléctricos, el aromatizante, etc., simultáneamente surgió la conveniencia de habilitar las toallas, los tapetes, jabones, papel, dentífrico, crema, crema de afeitar, rastrillo, rasuradota, pistola, Alka Seltzer, aspirinas, agua embotellada, vino Francés y demás accesorios.

Entonces se me ocurrió llamarle a Cristy  mi esposa y le referí el encargo: Por favor ve  a la tienda que tu quieras y compra unos cuatro juegos de toallas de manos, de baño y de los distintos tamaños que haya, necesito un par de batas de baño,  las mas “extra extra large” que haya, una buena dotación de jabones para baño y para lavabo y  seis cajas de Kleenex.  Todo lo que te acabo de decir, de la mejor marca y todo que sea en blanco.

Después de referirme a semejante encargo, ella me preguntó:-- Para que quieres todo eso?  -- Por favor no pierdas tiempo,….. es para el general Charles de Gaulle.!!!...... Cristy  me confesó que estaba totalmente segura que ya se me había votado la chaveta, pero  afortunadamente a los dos ó tres días pudo comprobar que sus figuraciones eran infundadas.

La verdad es que el general de la gran estatura y enorme nariz se la pasó de maravilla en la ciudad de México y descansó plácidamente en su camita igualita a la de Topo Gigio.  

sábado, 27 de marzo de 2010

ADIOS A DON ADOLFO, HOLA DON GUSTAVO

Se avecinaba el 1 de Diciembre de 1964, día de la transmisión del poder presidencial de don Adolfo López Mateos a don Gustavo Díaz Ordaz. En la constructora donde yo trabajaba, mi jefe muy contrariado se jalaba los dieciséis pelos que le quedaban. Le habían encargado hacer todo lo necesario para esa importante ceremonia que debía efectuarse en el gran foro del Palacio de Bellas Artes.

De cualquier modo tuvo que aceptar el encarguito y él simplemente me lo encargó a mi. Acudí de inmediato a entrevistarme con la arquitecta Ruth Rivera, hija del gran Diego, quien fungía como jefa del Departamento de Arquitectura de ese Instituto

Ella, a quien ya conocía con anterioridad, me advirtió que contábamos con poco tiempo para desmontar dos filas de butaquería, construir la rampa de acceso al foro, el gran presidium con sus correspondientes escaleras,  y unas graderías especiales para los gabinetes entrante y saliente, mucha alfombra por colocar, mucha madera por barnizar, molduras por dorar, escudos por instalar, una enorme bandera por elaborar y colgar, etc., etc.; analizamos los planos y  me los entregó y con un beso de amiga y un: Buena Suerte colega,  se despidió y desapareció.

A partir de ese momento, la responsabilidad era nuestra, (yo la sentía muy mía), nos dedicamos a adquirir todo el material que pudiera necesitarse, a reunir al grupo de carpinteros, ebanistas, electricistas, barnizadores, doradores, colocadores de alfombra y hasta costureras y les fuimos dando entrada de acuerdo al orden y avance de los trabajos.

Llegó el día, yo presencié la ceremonia entre las cortinas laterales del foro a las que por error la gente les llama bambalinas. La ceremonia que fue muy seria y muy impresionante al fin y al cabo terminó. 



Los Presidentes entrante y saliente abandonaron juntos el formidable recinto y abordaron el Mercedes Roadster convertible negro dispuesto para uso del Presidente.

En seis ó siete minutos el Teatro se quedó totalmente desocupado, en medio de un intenso silencio solo se escuchaban los clarines de los cadetes que abrían paso con dirección al Palacio Nacional.

Totalmente exhausto por la presión de esas tres semanas, se me antojó sentarme en el sillón que unos cuantos minutos había ocupado el expresidente López Mateos y al poner mis manos sobre la cubierta que tuvieron enfrente se me ocurrió despegar el paño color vino que la cubría. La hice un rollo, la coloqué bajo mi brazo y salí del Teatro.

     Años después, tuve la suerte de realizar una obra para la familia Díaz Ordaz y en una conversación con don Gustavo se lo conté. El rió y me dijo: Ese paño debe tener el sudor de mis manos porque yo me aventuré a pronunciar mi protesta de memoria. Por que no me lo trae y se lo firmo… y se lo llevé y lo firmó y lo conservo con mucho gusto.