martes, 20 de enero de 2015

ENRICO CARUSO

TU SABÍAS QUE……

Errico Caruso nació el 25 de febrero de 1873 en la ciudad de Nápoles, Italia. Cuando ya era un joven de ideas definidas, tuvo el deseo de hacerse llamar Enrico en lugar de Errico. Desde muy pequeño mostró una fuerte inclinación por el gusto de cantar. Hasta la fecha, continúa  siendo el prototipo del cantante operático más grande de todos los tiempos.

La Compañía Víctor que después sería la RCA Víctor, en su declaración de las mejores ventas de todos los tiempos siempre se refirió a la grabación de “Vesti la giubba” con la voz de Caruso, como el disco más vendido.

Enrico nació en el seno de una familia pobre, fue el tercero entre siete hermanos y tuvo que dejar de ir a la escuela para poder trabajar como mecánico y así ayudar a su padre Marcellino Caruso con los gastos de la familia.  Su madre, Ana Baldini,  fue una buena mujer de origen campesino y entre dieciocho abortos solo logró dar a luz  a siete criaturas, el mayorcito, fue precisamente Enrico.

Su madre muere cuando él era un niño de solo diez años. Su padre no se conserva viudo y se vuelve a casar, pero muere solo cinco años después. Desde entonces Enrico se convirtió en el pequeño jefe de la familia.

El gustaba de acudir a la iglesia de San Severino para cantar en lo que llamaban el coral aunque en ese entonces se sentía muy desmoralizado porque el director del Coro le decía insistentemente que no tenía nada de voz, sin embargo y sin hacer caso, el insistió en cantar porque definitivamente era su mayor gusto.

Allá en sus inicios sufría profundamente porque no obstante que tenía la tesitura de tenor, no podía evitar que se le quebrara la voz a la hora de emitir los agudos. Con el tiempo, logró ser aceptado como alumno del prestigiado maestro Guglielmo Vergine.

  Cuando cantó por primera vez ya como semi profesional en su Nápoles querido, el público y el periódico estuvieron fríos e irrespetuosos. Él se sintió muy lastimado y pasando el tiempo, cuando  ya había triunfado y conseguido estar en el pináculo de su carrera, invariablemente se negó a cantar en su querida ciudad natal.

En 1895 con veintidós años de edad y ya totalmente capacitado, canto La Traviata y El Rigoletto  en la cathedral de Caserta; ambas óperas del mismo autor musical Giuseppe Verdi y mismo libretista Francisco María Piave.

Además, el ya contaba como parte de su repertorio con obras importantes como Fausto, de Charles Gounod y Jules Barbier-Michel Carré y Cavallería rusticana, Lucía de Lammermoor, Manon de Lescaut.


Su debut oficial fue en el Teatro Nuevo de Nápoles. En seguida, tuvo la oportunidad de presentarse triunfando en los teatros de Salermo y del Cairo.


Enrico Caruso a los treinta años.

Caruso fue uno de los primeros cantantes que grabó para el nuevo invento llamado Fonógrafo y ello sirvió para su reconocimiento a nivel mundial.

En 1903 cuando Enrico contaba con treinta febreros, canto por primera vez en el Ópera House de Nueva York algunas de las óperas que ya constituían su amplio repertorio integrado por más o menos sesenta óperas. En esa inolvidable oportunidad, logró un profundo impacto en el público cuando interpretó el Pagliacci de Leoncavallo.

El 22 de septiembre de 1919 Caruso abordó el ferrocarril y acompañado por la soprano Ada Navarrete, el bajo David Silva y el director de orquesta Genaro Papi, inició su primer y único  viaje a México saliendo de Laredo, Texas y pasando por Monterrey en donde disfrutó de las expresiones de reconocimiento y cariño, arribando felizmente a la Ciudad de México en donde tuvo muchas actividades de muy distinta índole.

Su visita a Xochimilco lo impactó profundamente y entre flores, trajineras, colores y chinampas, disfrutó de los platos típicos mexicanos y no se negó a probar el tradicional pulque curado.


Enrico Caruso en plena actuación.

Sus presentaciones en la Ciudad de México fueron muchas y muy apreciadas por el público conocedor, aficionado y curioso. El primer teatro donde cantó en la ciudad capital fue en el que poseía doña Esperanza Iris en la calle de Donceles y que ahora lleva el nombre de Teatro de la Ciudad.

El 28 de septiembre, participó en una kermesse organizada por los Caballeros de Colón y continuó con una  semana de funciones diarias en el Teatro Iris. Esa misma semana, Caruso fue invitado a colocar la primera piedra de lo que posteriormente sería el Cine Olimpia.

Por otro lado, el 5 de octubre a las tres de la tarde, Caruso y la soprano Gabriela Bensazoni en el improvisado escenario instalado en el ruedo de la Plaza de Toros de la Condesa, ofrecieron básicamente para el público que no podía pagar su admisión en los teatros donde el costo del boleto de entrada es oneroso, la Ópera Carmen de Georges Bizet.

La asistencia de 22,000 personas hicieron del acto un acontecimiento apoteótico y el aspecto emocional de esa tarde se acrecentó por el aguacero que cayó durante el tercer acto.  Increíblemente nadie se movió de su lugar para continuar disfrutando de la función cuando se ausentó la lluvia.

El 26 de octubre se volvió a convertir la Plaza de Toros de la Condesa en el escenario de otra gran obra, Aída de Giuseppe Verdi y Antonio Ghislanzoni,  función que alcanzó el grado de inolvidable.

El día 28 del mismo mes, Enrico Caruso participó en una función en el Teatro Iris cantando acompañado por la Orquesta Sinfónica Nacional dirigida por el inolvidable maestro Julián Carrillo. Esta función fue organizada por el Ayuntamiento de la Ciudad y a beneficio de la misma.  El 2 de noviembre de ese 1919  en el Teatro Arbeu alternando con Gabriela Besanzoni cantó impactando al público el Sansón y Dalila de Camille Saint-Saens.

  Enrico Caruso participó cantando por última vez en la ciudad de México, el 2 de noviembre  de 1919 alternando con la soprano Gabriela Bensanzoni el Sansón y Dalila de Camille Saint-Saens. 

La última vez que cantó Enrico Caruso fue el 24 de diciembre de 1920 en el Metropolitan Ópera House de Nueva York. Posteriormente a ésta presentación, a Enrico se le presentó  una severa afección en pecho y garganta y en enero de 1921 se vió obligado a someterse a una cirugía de la cual ya no se pudo recuperar.

Así fue como se precipitó el final de la vida de un gran hombre, de un gran cantante que fue admirado y querido por su numeroso  público en diferentes partes del mundo, público que supo apreciar sus grandes virtudes dentro del bell canto.   

         El 2 de agosto de 1921 Enrico Caruso falleció a la edad de 47 años y once meses. Los médicos que le atendieron, clasificaron como la causa del fallecimiento  una severa Pleuritis. Esa fue la fecha en la que el mundo perdió a un incomparable  cantante dueño de una voz incomparable y de un estilo y personalidad únicos.  


Hasta la vista Enrico…….el gran cantor italiano.
 


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